Tercera Parte de: Yo no elegí, mi destino.
Castillo
Medieval en Óbidos. Portugal.
Esta es la tercera parte de la novela histórica que escribí titulada: “YO NO ELEGÍ, MI DESTINO “.
Cuando los Toledanos que se habían levantado en armas para defender a Blanca de Borbón, y las tropas de Fadrique ven llegar a Pedro con su ejército, se dan cuenta que nada pueden hacer, porque les superan en número y estaban más preparados. Entonces comprendí que la batalla estaba perdida y que lo único que se iba a conseguir sería derramar sangre.
Antes de dar comienzo el combate, le pedí a Fadrique que me acompañase, para hablar con mi hijo, y quizás si Fadrique, le pedía perdón y le juraba fidelidad, se podía evitar el derramamiento de sangre y una guerra civil.
Cuando estuve delante de mi hijo le dije: –Se que estás en tu derecho de venir a buscar a tu mujer, pero no la puedes privar de libertad y tenerla encerrada en una habitación. – Si me prometes tratarla bien, Blanca se irá contigo.
–podemos evitar que haya derramamiento de
sangre por ambas partes y qué, comience una guerra civil. Además, Francia nos
puede declarar la guerra. Y Fadrique me dice que está dispuesto a pedirte
perdón, y jurarte fidelidad.
Fadrique le pidió perdón a Pedro y le juró
fidelidad. Después le
dijo que iba a retirar sus tropas. Y que él, se marchaba para Talavera de la
Reina.
Pero Pedro, cogiendo a su esposa Blanca, la
llevó como prisionera al castillo de Sigüenza.
Entonces me di cuenta, que Blanca podía
correr peligro de muerte, sí mi hijo Pedro la acusaba de instigadora, poner al
pueblo en su contra, y estar a favor de los rebeldes, y de Enrique de
Trastámara.
Después, de mucho pensarlo decidí escribir
una carta a mi hijo, diciendo que era urgente y necesario que hablase conmigo.
Que yo estaba en la fortaleza de Toro, que era de mi propiedad. Y le daba mi
palabra de Reina Consorte, y madre, que no le iba a pasar nada malo, porque
estaba bajo mi protección.
Pedro me contesta que no se puede fiar de
mí, porque lo traicioné pasándome al bando enemigo, y qué aún continúo ayudando
a los rebeldes dándoles protección, dejando que se refugien en Toro.
Yo le digo, que nunca quise ser su enemiga
y que no pienso hacerle ningún reproche. Lo que yo quiero, es mediar entre él y
sus hermanastros, para poner final al conflicto, y a los enfrentamientos.
Pedro decide venir a Toro, pero con
condiciones: –La conversación será privada. En ningún
momento se verá con ninguno de sus hermanastros, ni con ningún miembro de la
nobleza que esté refugiado en Toro. Y estando los dos solos.
Cuando Pedro llega a Toro acompañado del
tío de María Padilla y del judío Samuel Ha-Levi, que
era el tesorero real, les niegan la entrada. Y le dicen que sólo se le permite
la entrada a Pedro. – Entonces Pedro les contesta: – Qué si no
entran sus acompañantes con él, se marcha. Y no hablará, con la reina madre. Cuando Pedro
estaba a punto de marcharse lo llaman, y dejan pasar a los tres.
La reina madre María, estaba nerviosa,
porque no sabe de qué manera va a reaccionar su hijo cuando la vea.
Pero cuando Pedro ve a su madre, se acerca
a ella, le hace una reverencia a modo de respeto, le besa la mano, después las
mejillas, y por último la abraza.
A María la reina madre, se le pone un nudo en la
garganta, cuando nota el abrazo de su hijo, y siente pena por él, por el
destino tan duro, al que tiene que enfrentarse. Donde las envidias y
traiciones estaban a la orden del día.
María Busca las palabras adecuadas para no
ofender a Pedro, y llegar a un entendimiento, y le dijo: – Que el mundo
no se hizo en un día y qué, si quiere cambiar las leyes establecidas, no puede
ser tan radical, que hay que ir, cambiándolas poco a poco.
Lo primero es evitar una guerra civil y
una guerra con Francia. Para ello es necesario que quites a tu esposa Blanca
del castillo de Sigüenza, donde la tienes prisionera, y que vuelvas con ella.
Cuando Pedro escucha el nombre de su
esposa Blanca, y qué yo, le pedía qué la dejase en libertad, me dijo que jamás
lo hará. Porque hay muchas cosas de Blanca de Borbón que yo no sabía, y que ignoraba.
Pero, cuando mi hijo confiado, estaba a
punto de contarme el motivo de por qué, rechazaba a Blanca de Borbón. La puerta
de la habitación se abre de golpe bruscamente, y entra mi cuñada Leonor, reina
de Aragón, y tía de mi hijo por parte de padre.
Y dirigiéndose a mi hijo, lo comenzó a
insultar echándole una buena bronca. Le llamó de todo, que era un
irresponsable, que solo piensa en estar con su concubina María de Padilla. Que
era una vergüenza tenerlo como rey de Castilla. Que siempre había sido un niño
mimado y consentido, y que tiene que dejar de ser rey. Que le deje el gobierno
a otro, por el bien de Castilla.
Conociendo el carácter de mi hijo no sé,
como tanto aguantó. Pero en vez de enfrentarse a ella, me miró. Y viéndome a
los ojos me dijo: –eso no era lo
acordado, me has vuelto a traicionar, dijiste que la conversación la tendría en
privado y a solas contigo.
Entonces cuando mi hijo se dirige a la
puerta para marcharse, su tía Leonor, hace un gesto con la mano a unos soldados
que habían llegado con ella, y cogiendo a mi hijo, lo retienen.
Después de un forcejeo, lo encierran en
una de las habitaciones de Toro y lo incomunican. También cogen presos a las
dos personas que acompañaban a mi hijo. A Juan Fernández de Hinestrosa (tío de
María Padilla) y al judío Samuel Ha-Levi, y los meten
en el calabozo de Toro.
Después Leonor de Aragón, junto con otros
rebeldes, llaman a Fadrique para que se haga cargo de la alimentación de Pedro,
y que lo vigile para que no pueda huir.
Leonor de Aragón, la tía de mi hijo Pedro,
estaba convencida de que, teniendo el apoyo de la nobleza, y de la gente que tenía
cargos en puestos relevantes, su hijo Fernando, príncipe de Aragón, tendría más
posibilidades de ser el rey de Castilla y de León qué Enrique de Trastámara, el
hermanastro bastardo de Pedro.
Pero el Destino es quién manda, y él
que decide en qué lugar, de espacio y tiempo, se tienen que producir los
acontecimientos. Y aún no era el momento.
Yo intenté hacer entrar en razón a mi
cuñada Leonor y hablé con los rebeldes para que dejasen en libertad a mi hijo y
a sus acompañantes. Porque sabía que el día que mi hijo quedase libre, su
venganza sería terrible, y no tendría piedad por nadie, ni por mí.
Entonces me dicen que lo mejor para Pedro
y para el reino de Castilla, es que mi hijo deje de ser rey. Y se nombre a un
sucesor que sepa gobernar Castilla, y que evite una guerra civil.
Además, Pedro, tiene muy mala reputación
por los escándalos que se están produciendo en el palacio de Sevilla con su concubina
María de Padilla.
Porque se dice que María de padilla, lo
tiene embrujado. Y que Pedro cuando nació su hija Beatriz, le regaló a María de
Padilla las tierras de Huelva, y la nombró Señora de Huelva. Y a su hija le
regaló Capilla y Burguillos, y todos los bienes que le confiscó a Alfonso
Fernández Coronel, por haberse revelado en su contra. Y después ordenó su
muerte.
Hasta el Papa de Roma llegó a decir de
María de Padilla, que era una adultera, una hija del demonio, y una bruja.
Además, tenía a toda la Corte, a la nobleza, y a los embajadores extranjeros escandalizados.
Porque María de Padilla, era una persona
muy espiritual y le atraía el mundo de la magia y de la brujería. Y fue
aprendiz de un judío que conocía todo tipo de plantas medicinales. Gracias a
esos conocimientos le gustaba preparar ungüentos y pócimas, para curar a los
más necesitados cuando se lo pedían.
También tenía conocimientos sobre
astrología, que le fueron enseñados por una comunidad gitana que había llegado
de Egipto.
Su fama de bruja perduró en el tiempo, y
con el descubrimiento de América, sobre todo en latino América, en Brasil, se
la conoce como la “Reina de las Brujas” Se decía de ella, que tenía poderes
ocultos, y que su figura se podía ver como un fantasma encima de carruajes en
llamas. En España, las brujas la invocaban en sus rituales, y hechizos. Y la
comunidad gitana la nombró Reina de los gitanos.
Cuando Pedro ve, que María de Padilla se
queja de las altas temperaturas que hay en verano en Sevilla. Ordena la
construcción de unos baños mudéjares en el Alcázar del Palacio, para que María
de Padilla se bañe en ellos, y se refresque.
Y a día de hoy, forman parte del
Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
María de Padilla tenía una belleza
deslumbrante y, siempre que se iba a bañar, se la podía ver paseando por el
palacio “desnuda”, cuando iba camino de los baños, sin importarle
que la vieran.
Después cuando María de Padilla, se metía dentro del agua para bañarse, el rey la observaba, a través de una mirilla que estaba oculta en una de las paredes de los baños. Luego cuando él rey se da cuenta que se ha excitado sexualmente, se mete en los baños con ella, y dan rienda suelta a su pasión
María de Padilla, desnuda en el Alcázar de Sevilla frente a Pedro I.
María de Padilla conocía muy bien lo que
le gustaba a Pedro sexualmente. Y sabía también cómo tranquilizar y reducir su
ira. Además, como era muy bondadosa, también influía muchas veces, para que
Pedro, perdonara la pena de muerte a nobles, o a personas, que se habían
revelado contra él.
Pero el escándalo fue mayor, porque el rey
al conocer qué criticaban a su amada y la llamaban adúltera y bruja.
Ordenó, que nadie se podía dirigir a él,
ni recibiría a nadie en audiencia. Ni tampoco, a ningún embajador extranjero,
sí, antes no bebían de las aguas, donde se había bañado María de Padilla.
María de Padilla tenía una casa en Astudillo,
y a veces sentía nostalgia de ella. Entonces le pidió a Pedro, que transformara
su casa, en un palacio.
Cuando la construcción del palacio comenzó,
la tía de María de Padilla que se llamaba Juana Fernández de Hinestrosa que era
una mujer muy devota, le dijo a María de Padilla que sería bueno construir en
el terreno anexo al palacio un convento de Clausura, de nombre le pondrían el “Convento
de Santa Clara”. Además, de alabar a Dios, 8 horas al día, se dedicarían a
la artesanía, al mantenimiento del convento, al estudio de la biblia, y hacer
dulces.
María de Padilla pidió la licencia al Papa
para la construcción del convento, y este se la concedió. Después nombró
abadesa del convento a su tía Juana Fernández de Hinestrosa.
Las palabras de mi hijo Pedro, resonaban
en mi cabeza. –Que me querría
contar de Blanca de Borbón, antes de que su tía Leonor llegara y lo apresara en
Toro. Que yo no supiera, y que, ignoraba de Blanca.
Entonces mandé traer a mi presencia, a una
de las damas de la corte, conocida como la chismosa. Que fue la que soltó el
rumor de que mi hijo, había abandonado a Blanca de Borbón, a los dos días de su
boda, para irse a vivir con su hija Beatriz y su amante María de Padilla, para casarse
con ella.
Naturalmente no la creímos, porque mi hijo
ya se había casado con Blanca de Borbón. Y no podría volver a casarse, a no
ser, qué anulara su matrimonio.
Cuando tuve a la dama chismosa en mi
presencia, le pregunté que me podía contar de Blanca de Borbón que yo no supiera.
Entonces muy nerviosa me cuenta que mi hijo Pedro, no miente. Cuando dice que
él, nunca privo de libertad a Blanca. Que ella podía andar libremente por todo
el palacio y que nunca la tuvo prisionera dentro de su alcoba para que nadie la
viese.
Que fue la propia Blanca la que se encerró
en su habitación para que nadie supiera que se había quedado embarazada, porque
eso le supondría la pena de muerte.
Después de nacer el niño fue cuando quiso huir del castillo de Arévalo, y le pidió ayuda a usted, y a los habitantes de Toledo, para que la protegieran, porque sabía que Pedro la mataría cuando se enterara.
Castillo de Arévalo
Y que fue del niño, le pregunté: – Las tierras de Extremadura y Badajoz son propiedad de Fadrique. Y en Badajoz hay una sirvienta que trabaja para Fadrique que es india. Y su hija Paloma, que es muy joven y bella, acababa de dar a luz, y era madre de un niño.
Cuando Fadrique se entera de
que, Paloma había sido madre de un niño, le pide a su hombre de confianza, que
además era su contable, que vaya a buscar al niño, y se lo entregue a Paloma
para que lo amamante y se crie, con el hijo de Paloma. Y qué le diga a Paloma
que Fadrique, se hará cargo de todos los gastos de manutención y de la educación
del niño.
Fadrique, legitimo a su hijo, y lo bautizó
con el nombre de Alfonso Enríquez. Pero nunca quiso descubrir quién era la
madre del niño.
Entonces en Badajoz los trovadores
comenzaron a entonar canciones, diciendo que fue la propia Blanca de Borbón,
quién le entregó el niño al contable, de Fadrique, y le dijo: – Que era muy
importante que nadie supiera de la existencia del niño, y que guardase el
secreto. –Porque el niño era hijo de una de sus damas
de compañía, y que ella, no quería que su familia se enterase.
Pero el contable se dio cuenta, que Blanca
mentía, cuando vio que unas lágrimas corrían por sus mejillas, cuando abrazó, y
besó al niño para entregárselo.
La conversación con la chismosa se cortó
cuando de pronto, escuchamos el ruido de unos tambores a modo de procesión, y
voces dando vivas y aplausos.
Corriendo nos acercamos a una de las
ventanas de la fortaleza, y pudimos ver que se trataba del ejército, y de los
seguidores de Juan Alfonso de Alburquerque, qué
traían dentro de un ataúd su cuerpo, y le estaban rindiendo honores, para que
por fin pudiese ser enterrado.
Porque Juan Alfonso de Alburquerque antes
de morir, pidió que no le diesen sepultura mientras Pedro I, no fuese apresado.
Y desde entonces llevaban su cuerpo dentro del ataúd a todos los
enfrentamientos, convocatorias, y guerras que se libraban contra Pedro I.
Y al enterarse que mi hijo Pedro estaba
prisionero en Toro, quisieron darle un homenaje, y que por fin su cuerpo
pudiese descansar en paz. Desde entonces a Juan Alfonso de Alburquerque se le
conoce como: “el del ataúd”
Cuando la comitiva fúnebre ya se alejaba,
un soldado llegó corriendo hacía nosotros y muy nervioso me dice que mi hijo ha
conseguido escaparse ayudado por dos centinelas que custodiaban su alcoba.
¿Y dónde está Fadrique? Pregunté.
– Sabiendo que
Fadrique era el responsable de la vigilancia de Pedro para que no huyera.
Entonces el soldado me informa que
Fadrique no está en Toro, y que se tuvo que ausentar unos días, para solucionar
unos asuntos en Badajoz.
Después de lo que me había contado la
chismosa, imaginé que Fadrique, había ido a Badajoz, para ver a su hijo, y
hacer testamento a favor del niño, por si a él le ocurriese alguna desgracia.
Cuando los nobles, y Leonor de Aragón, se enteran, que Pedro a huido, se ponen
nerviosos. Saben qué a partir de ahora, mi hijo ya no tendrá piedad por nadie, y
no descansará hasta darles muerte.
Muchos nobles huyeron para Portugal, lo
mismo hizo el Obispo de Segovia que por defender a Blanca de Borbón también,
tuvo que pedir exilio en Portugal. Y su tía Leonor se refugió en su castillo de
Aragón, pidiendo ayuda al Papa, a Enrique de Trastámara y al rey de Francia.
Entonces, el Papa le escribe a mi hijo
diciendo que todo se puede solucionar, si ambas partes llegan a un
entendimiento, y si vuelve con su esposa Blanca de Borbón. De lo contrario,
será excomulgado.
Mi hijo Pedro I, hizo oídos sordos a la
amenaza del Papa y, fue excomulgado en el año 1355 en la Catedral de Toledo.
Por mi parte yo no sabía que represalias,
mi hijo iba a tomar conmigo, por creer que yo me había puesto de acuerdo con su
tía Leonor para apresarlo.
Absorta en mis pensamientos me comunican
qué, ha llegado de Talavera de la Reina un mensajero con una carta para mí. La
carta era de Berta.
En ella me decía que quería verme, porque
tenía una cosa muy importante que contarme, qué me echaba de menos y quería
abrazarme. Entonces llamé a Martín Alfonso de Téllez, para decirle que me
acompañara a Talavera de la Reina,
Antes de salir para Talavera de la Reina,
bajé a los calabozos para hablar con las dos personas que habían acompañado a
mi hijo y que tenían presos.
Les dije que no se preocuparan que pronto
quedarían libres. A Juan Fernández de Hinestrosa, que era el tío de María
Padilla (la amante de mi hijo) lo dejaron libre, porque les dije qué, como
Reina, lo necesitaba para que hiciese de mediador, en las negociaciones con mi
hijo.
Sin embargo, nada pude hacer por el
tesorero judío Samuel Ha-Levi. Porque Fadrique
antes de marchar para Badajoz, lo había denunciado como ladrón y lo acusaba de
haber robado dinero de las arcas del Rey.
Entonces me dijeron, que mientras no se
celebrara el juicio, para saber si era inocente o culpable, no podría salir
libre.
Cuando ya estaba saliendo de Toro, veo que
llega Fadrique de su viaje de Badajoz. Y muy enfadada le recrimino el que se
haya ido a Badajoz sin decirnos nada, y qué, por su culpa, Pedro se había
escapado. Cuando era la responsabilidad suya, de vigilarlo para que eso no
ocurriese.
Entonces le pregunto si es verdad que
tiene un hijo, y quien es la madre. – Fadrique me
contesta: – Tengo un hijo,
acabo de llegar de bautizarlo con el nombre de Alfonso Enríquez. Y de hacer
testamento a su favor, por sí me ocurriese alguna desgracia. Pero nunca le diré
a nadie, quién es su madre.
Cuando llego a Talavera de la Reina, Berta
me sale a recibir con una gran sonrisa y me da un gran abrazo. Berta y sus
hermanos me quieren como si yo fuera su madre, y yo los quiero como si fueran
mis hijos desde qué le prometí a su madre en el lecho de muerte, que jamás
pasarían hambre.
y
también, cuando le dije a su padre Rodolfo el campesino, que no se preocupara
por los niños, que yo me haría cargo de ellos mientras él, estuviese luchando
en la guerra. Pero Rodolfo nunca más pudo ver a sus hijos, porque murió cuando
le clavaron en el corazón, una daga que iba dirigida a mi padre, salvándole la
vida.
Las alegrías más grandes me las dieron
esos niños. Demostrándome lo aplicados que eran en sus estudios y lo mucho que
me querían.
Entonces Berta cogiéndome de las manos,
impaciente y con un brillo de felicidad en sus ojos, me invita, a que me siente
y a que la escuche.
Y sonriendo me dice que está enamorada de
Juan, el hijo de un conde portugués amigo mío de la infancia. Lo había conocido
cuando su padre me pidió que lo dejara pasar una temporada en Talavera de la
Reina, porque le había muerto la madre, y estaba muy triste.
Desde el momento que Juan llegó a Talavera
congenió muy bien con los hijos de Rodolfo el campesino. Y pasaban los días
jugando y estudiando.
Pero Cupido volvió a hacer de las suyas
y, aunque eran unos niños, Juan y Berta se enamoraron, y se juraron amor
eterno.
Y ahora Juan, le pide matrimonio. Dice que
habló con su padre, y qué le ha dado su consentimiento, para que se case
conmigo, pero yo no tengo ni ajuar, ni dote que ofrecer, y tengo miedo que
cuando el padre lo sepa me rechace.
Entonces yo le dije, que por la dote no se
preocupe, que el padre de Juan y yo, ya llegaremos a un acuerdo. Y que estaba
muy feliz sabiendo que los dos os amáis y, que os vais a casar por amor.
Cuando escribí al padre de Juan, para
ponernos de acuerdo en las condiciones de la dote, me dice, que no quiere
ninguna dote. Que lo único que le importa es ver feliz a su hijo. Pero qué, le
haría mucha ilusión, si yo fuera la madrina de la boda, porque la madre de Juan
había muerto, cuando él aún era un niño.
Entonces le contesté a mi amigo, el conde
portugués, qué yo sería la madrina de la boda. Y que me haría cargo de los
gastos de la boda y del ajuar, digno de una princesa.
Cuando los hermanos de Berta supieron que
estaba en Talavera, vinieron enseguida a visitarme. Yo estaba orgullosa de
ellos.
Sebastián él bebe de
unos meses qué, desesperado buscaba el pezón de su madre y se lo mordía,
mientras ella estaba inconsciente, para poder conseguir un poco de leche.
Estudió medicina y se especializó en partos difíciles.
Y siempre que lo llamaban, acudía a
prestar sus servicios a las parturientas. Sin importarle la hora que fuera, atendiendo
por igual a pobres y ricos.
Federico se había convertido
en un gran abogado, defendiendo los derechos de los pobres, sobre todo, cuando
eran acusados por delitos que no habían cometido.
A Santiago no lo pude ver en
Talavera, porque estaba trabajando de contable en el Vaticano.
La boda de Berta se celebró en Portugal,
por todo lo alto, en un castillo propiedad de mi amigo el conde. Cuando Martín
Alfonso de Téllez y yo, vimos a Berta vestida con el traje de novia, nos
emocionamos mucho, porque parecía una autentica princesa.
Entonces sin poder contener las lágrimas,
me acerqué a Berta y, le puse sobre su cabeza, una diadema con forma de corona,
que me había regalado mi madre, que tenía incrustadas perlas y piedras
preciosas. Y abrazándola le dije: –Te quiero como
si fueras mi hija, conserva esta diadema, para que siempre te acuerdes de mí.
Después de la boda Martín Alfonso y yo,
regresamos a Talavera de la Reina, pero el personal del servicio muy
preocupados nos informa, qué mientras estuvimos en Portugal, llegó Fadrique y
qué, estuvo reorganizando a un ejército junto a otros caballeros que lo
apoyaron, y que marchó para Toledo para unirse al ejército de su hermano
Enrique y al de su tía Leonor de Aragón y también, al del Rey Frances.
Pero que, de momento no tenían noticias de
quién había vencido en esa batalla.
De pronto escuchamos a unos centinelas
gritar que abriesen las puertas. Y vimos llegar a un soldado, que malamente se
sostenía sobre su caballo. El soldado nos contó que el enfrentamiento de la
batalla fue muy duro.
Que el ejército de Pedro apoyado por el ejército
de Inglaterra estaba mejor preparado, que él de Enrique, y fue ganando terreno.
Y qué, por miedo a ser vencidos, los rebeldes comenzaron a huir por todas
partes y, donde mejor les parecía.
Los nobles que participaron en el
enfrentamiento, se refugiaron en la fortaleza de Toro, donde les esperaban sus
esposas, pero también saben qué, tan pronto como llegue Pedro a Toro, los va a
matar a todos.
Los nobles y caballeros refugiados, junto con sus esposas, me piden ayuda, y me dicen que vaya para la fortaleza Toro, antes de que llegue mi hijo Pedro. Es la única posibilidad que tienen de salvar sus vidas. Si yo hago de intermediaría y, convenzo a Pedro para que no los maten.
Cuando Martín
Alfonso de Téllez, escucha lo que el soldado me pide, y nos quedamos a solas.
Me dice: – Qué, por nada
del mundo, me presente en Toro. Porque mi hijo pensará que lo he vuelto a
traicionar, y esta vez me matará, junto con los demás.
Pero yo no podría vivir, sabiendo que no
hice nada, por salvarle la vida a esos nobles y a sus esposas.
Martín Alfonso, también me dice, que es
imposible, qué pueda llegar a Toro, antes qué mi hijo. Porque desde Talavera a
Toro hay muchos Km de distancia. Además, tendría que viajar de noche, porque de
día me podrían ver y reconocer, y sería muy peligroso.
De pequeña mi padre, me había enseñado a
montar a caballo y era muy buena amazona. Entonces le dije a Martín Alfonso qué
cabalgaría toda la noche sin descanso hasta llegar a Toro. Cruzaría por unos
atajos que conocía y, también, llevaría un caballo de repuesto.
Y le pedí a Martín Alfonso que no me
acompañara, que quería ir yo sola, porque si me acompañaba su vida también
podía correr peligro.
Pero Martín
Alfonso me dice: –Yo no te voy a dejar, que viajes sola. – Te amo,
y siempre voy a estar contigo. –Mientras tú no me digas, que has dejado
de amarme.
Martín Alfonso se acercó a mí, y me
abrazó. Después, me dijo qué, estuviera preparada, porque solo Dios y él
Destino sabe, lo que nos pueda ocurrir.
Piensa que, cuando tu hijo te vea en
Toro, creerá qué has participado en esta guerra otra
vez, y que, lo has vuelto a traicionar, y tu pena será de muerte.
–No te preocupes, le diré a mi hijo que
nosotros estábamos en Portugal celebrando la boda de Berta. Que no sabíamos
nada de este enfrentamiento y qué acabábamos de llegar a Toro.
Entonces me dijo: – Mírame a los
ojos, y escucha, lo que te voy a decir: – Toda nuestra
vida nos hemos estado amando en silencio, y sufriendo un amor platónico, por no
poder decirle al mundo lo mucho que nos amamos.
–Yo te amo, te necesito, y no quiero
perderte. Quizás, sea la última vez, que nos podamos ver y estar juntos. – Deja que te bese, que coma tus labios, y te acaricie
recorriendo con mis manos todo tu cuerpo.
–Haz que mis sueños se hagan realidad; Porque
no sabemos lo que nos queda de vida. y no te imaginas las noches que he soñado,
en hacerte mía.
–Entonces cogiéndome por la cintura, Martín
Alfonso me acercó a su cuerpo, buscó mis labios y me besó apasionadamente.
y como si se tratara de una experiencia
religiosa comenzó a desnudarme muy despacio, y mientras sus labios me besaban,
sus manos acariciaban cada centímetro de mi piel.
–Sus besos
apasionados me quemaban como el fuego griego, y deseé con toda mi alma, fundirme
en él. Y desde el Olimpo, los dioses fueron testigos de cómo nos convertimos en
un solo ser.
–Y hambrientos
de amor, sabiendo que nos quedaba poco tiempo, nos entregamos una y otra vez,
hasta que vimos que el sol, desaparecía por el horizonte.
Después, nos dirigimos al establo,
cogimos a los caballos, y cabalgamos toda la noche sin descanso, hasta llegar a
Toro.
Cuando los nobles y sus esposas me vieron
llegar, se acercaron mí, y en sus rostros pude ver gratitud, y la esperanza de
que pudiese convencer a mi hijo para que los perdonara, y no los matase.
Quise bajar al calabozo para ver cómo
se encontraba el tesorero judío, Samuel Ha-Levi. Pero me dijeron que ya no lo iba a
encontrar.
Porque Fadrique sabiendo que Samuel
Ha-Levi, era uno de los hombres más ricos y poderosos de la Península y, qué en
su palacio guardaba un inmenso tesoro, con joyas y mucho dinero, que, a veces le
prestaba a mi hijo Pedro para que pudiese pagar a sus soldados. Fadrique lo
mandó torturar hasta conseguir que le dijera en qué lugar del palacio, guardaba
el tesoro.
Cuando lo supo entró en el palacio, mató a
su familia y se apoderó del tesoro. Y Samuel Ha-Levi, murió al no poder
soportar el dolor, de la tortura al que fue sometido.
Yo estaba en una de las torres de la
fortaleza muy nerviosa esperando la llegada de mí
hijo.
Cuando mi hijo llega a Toro con su
ejército, me ve, y le hago una señal con la mano, después le pido qué quiero
hablar con él. Pero Pedro, no me quiere escuchar.
Y a gritos me ordena qué salga de la
fortaleza y que fuese hacía donde estaba él. Que, a mí, no me iba a pasar nada.
Entonces yo le respondí: –Que solo
saldría, si me prometía que a los demás, tampoco les iba a ocurrir nada malo.
Cuando mi hijo ve que sigo
protegiendo a los nobles, lleno de ira me grita: –Sal de
una vez. Después ya veré lo que haga con ellos.
Los soldados de mi hijo, se pusieron haciendo una fila, a ambos lados de la puerta por donde yo iba a salir, formando un pasillo.
Castillo fortaleza de Toro
Cuando se abrió la puerta de la fortaleza, yo fui la primera en salir. A mi derecha me acompañaba la Condesa Doña Juana, mujer del Conde Don Enrique, y a mi izquierda Martín Alfonso Téllez.
Cuando ya íbamos por la mitad del
pasillo qué habían formado los soldados, comenzaron a salir de la fortaleza el
resto de los nobles y sus esposas.
Pero de pronto escucho un golpe muy
fuerte a mi izquierda. Y cuando giro la cabeza veo a Martín Alfonso en el
suelo, y acto seguido, a un soldado que con su daga le corta el cuello.
Lancé un grito desgarrador y me eché
al suelo para abrazarlo. De su cuello salía la sangre a borbotones, pero aún
tuvo tiempo de decirme, mientras la luz
de su mirada se apagaba; – Te amo, te amo, te amo.
Abrazada al cuerpo sin vida de
Martín Alfonso, llorando y gritando, maldije a mí hijo. Y cuando levanto la
cabeza, veo como otro soldado apuñala matando, a la Condesa Doña Juana que me
acompañaba. Entonces me desmayé y perdí el conocimiento.
No sé cuánto tiempo pasó, hasta que
recuperé el sentido, y cuando me ayudaron a levantar, vi a mi alrededor sangre
por todas partes y a todos los nobles y a sus esposas muertos y desnudos.
Maldije otra vez gritando a mi hijo,
y le dije que hubiera sido mejor que no hubiera nacido, que era una deshonra
para la familia. – Y le pedí: –Que
me matara, porque ya no quería seguir viviendo.
Pero mi hijo me llevó con él a su
palacio, para tenerme vigilada. Y yo estaba asustada, y no podía dormir porque
le tenía miedo, y porque aún no sabía qué represalias iba a tomar conmigo.
Entonces hablé con mi hijo y le pedí
que me dejara ir a vivir a Portugal, con él abuelo. Porque me había enterado
que mi padre él rey Alfonso IV, estaba muy mal de salud, y quería estar junto a
él, el resto de sus días.
A mi hijo Pedro no le pareció mal,
pero antes tuve que poner todas mis propiedades a su nombre, incluida Talavera
de la Reina.
Cuando llegué a Portugal, pensé que
iba a tener consuelo en los brazos de mi padre, pero lo único que encontré, fueron
reproches por haberme pasado al bando enemigo, apoyando, a los hijos de la
mujer que más daño nos hizo Leonor de Guzmán, la amante de mi esposo.
Quise que mi padre comprendiera que
no estuvo bien, que Pedro matase a Juan Alfonso de Alburquerque. Y qué, además,
quiera eliminar a toda la nobleza, para poner en puestos relevantes a
familiares de su amante María de Padilla.
Si me puse del lado de la nobleza es
porque estaba asustada, viendo como mandaba matar a nobles, y a personas solo porque
no estaban a su favor, quedándose después, con todos sus bienes.
Pensé que mi hijo Pedro se había
vuelto loco, y ahora estoy aterrorizada, después de ver, como dio muerte a los
nobles y a sus esposas que me pidieron ayuda en Toro. Y que le suplicaban
perdón.
Tampoco comprendí porque tuvo que
matar a Martín Alfonso de Téllez, solo por
acompañarme, cuando sabía que, Martín Alfonso de Téllez, siempre nos había
protegido, y había sido como un padre para él.
Entonces mi padre, no quiere
escuchar mis explicaciones y me quita el habla.
Cuando ya, llevaba un año viviendo
en Portugal, la enfermedad de mi padre se agravó. Y mi padre, sabiendo que le
quedaba muy poco tiempo de vida, echó veneno en la infusión de hierbas que yo,
acostumbraba a beber todos los días. Y me mató.
La gente del servicio de palacio y los
ciudadanos, no podían creer que mi padre con lo mucho que me quería, y las
batallas qué libró exponiendo su vida, enfrentándose a mi esposo Alfonso XI,
para que echara de la Corte a su amante Leonor de Guzmán y a sus hijos
bastardos, pudiese llegar a matarme.
Entonces comenzaron a decir que quizás,
quién me había envenenado, había sido mi hermano por orden de mi hijo. Pero sé
qué mi hermano nunca me mataría, porque me adoraba y, no tenía ningún motivo
para hacerlo.
Además, mi hermano unos días antes de mi
muerte me estuvo pidiendo consejo, porque sabía que tan pronto como nuestro
padre muriese, a él, lo proclamarían Rey de Portugal y Algarve.
Quizás mi hijo pudiese haber
ordenado mi muerte a otra persona, pero no llegó a hacerlo porque mi padre se
adelantó.
Sé que estoy en lo cierto, porque el
escritor, e investigador de historia, LOPEZ DE AYALA, cuenta qué
encontró un escrito donde le informan a Pedro I, de la muerte de su madre.
Que dice así: –Llegaron
nuevas al rey don Pedro cómo la reyna doña María su madre era finada, e que
moriera en el regno de Portugal; e según la fama, dixeron que el rey don
Alfonso de Portugal, su padre de ella, le ficera dar hierbas con que moriese,
por quanto non se pagaba de la fama que oía della.
Castillo de
Óbidos. Portugal
Creo qué, sí, mi padre me mató, es porque
sabía que yo aún continuaba teniendo mucha influencia con gente de la nobleza,
y con gente muy poderosa, y si lo hizo, fue por miedo a que yo volviese a
participar en otra revuelta nobiliaria en contra de mi hijo Pedro.
Y para evitar que me metiesen en la cárcel
hasta mi muerte, sufriendo todo tipo de torturas, o qué, fuese mi propio hijo el
que me matase, prefirió hacerlo él.
A Martín Alfonso de Téllez, mi gran
amor. Lo mataron en Toro, el 26 de enero de 1356. Y un año después, de su muerte, mi padre me
mató a mí, envenenándome el 18 de enero de 1357.
Y cuatro meses después,
de mi muerte, mi padre muere por enfermedad, el 28 de mayo de 1357.
El Destino, quiere eliminar del
guion de su historia, a personas que ya utilizó dando jaque mate sin piedad a
sus protagonistas. Sin embargo, se da cuenta que, si quiere seguir avanzando en
él tiempo, para lograr su propósito, aún necesita a mi hijo Pedro I de Castilla,
y su hermanastro Enrique de Trastámara.
Después de mi muerte, mi hijo comenzó
matando a todas las personas que lo habían traicionado. A favor de mi hijo
tengo que decir que, en ese tiempo, eso era lo normal, porque la traición, se
pagaba con la pena de muerte.
Y aquí da comienzo una serie de muertes y
asesinatos, donde mi hijo, no tiene piedad por nadie. Quiere eliminar a la
nobleza, que cada vez se hacía más fuerte y poderosa. Mientras que la realeza
perdía poder.
Y también a todos los miembros de su
familia que lo traicionaron.
Para los nobles y poderosos, Pedro I era
conocido como “el cruel” sin embargo para la gente del pueblo y los
humildes, era conocido como el “justiciero”.
Poco antes de que mi padre muriera, mi
hijo pedro llegó a un acuerdo con su abuelo el Rey de Portugal, para devolverse
a los refugiados.
Y cuando le fueron entregados los mató a
todos. Entre ellos estaba el padre de Leonor de Guzmán, la que había sido la
amante de mi esposo Alfonso XI. Y que era abuelo de Enrique de Trastámara.
Después, para vengarse de su tía Leonor de
Aragón, por haberlo apresado en Toro, mandó matar a su primo Juan de Aragón. A Juan
de Aragón lo mataron a mazazos en Bilbao en la torre de Zubialdea, y después,
tiraron su cuerpo por la ventana. Luego, fue en busca de su viuda Isabel de
Lara, y de su tía Leonor, las encarceló y les confiscó todos sus bienes.
Pero, cuando el otro hijo de Leonor,
Fernando, se entera que Pedro, ha matado a su hermano Juan y, que tiene
encarceladas a su madre y a la viuda de su hermano Juan, Isabel de Lara. Se
enfada, y se pasa al bando enemigo uniéndose a Enrique de Trastámara, para
planear la muerte de Pedro.
Cuando Pedro se entera que su primo Fernando,
está conspirando para matarlo. Va a la prisión donde tiene encarceladas a su tía
Leonor, y a la viuda de Juan, Isabel de Lara, y ordena que las maten.
Y poco a poco sirviéndose de Pedro, el
destino fue eliminando a los hermanastros de Pedro, que eran un obstáculo
para su objetivo.
Juana de Lara, que era
hermana de Isabel de Lara, cuando se entera que Pedro fue a la prisión y ordenó
la muerte de su hermana. Habla con su esposo Tello, que era otro hermanastro de
Pedro, y le dice que hay que vengar la muerte de su hermana y la de Leonor de
Aragón. Y se unen a los caballeros rebeldes.
Y cuando a Pedro le cuentan qué, su
hermanastro Tello, y su esposa Juana de Lara, lo quieren matar. Los acusa de
traición, y después de darles muerte, se queda con todos sus bienes.
Después enveneno a Sancho, otro de sus
hermanastros, por provocar revueltas ciudadanas en su contra, y por el reparto
de unas tierras.
Sin embargo, Pedro no siempre ganó todas
las batallas. En Araviana (Soria) fue derrotado.
El enfrentamiento fue feroz, porque Pedro se
tuvo que enfrentar a dos ejércitos que se habían unido. El ejército de los de
Aragón, y al ejército de Enrique de Trastámara.
Después de esta derrota, y por venganza, sabiendo
qué, Enrique de Trastámara, amaba a sus hermanos pequeños. Un día los invitó a pasar
unos días en su Corte de Sevilla.
Pero cuando llegaron a la Corte, los
apresaron y los mandó matar. Juan y Pedro solo tenían 19 y 14 años de edad.
Fadrique desea volver a ver a Blanca de
Borbón, y rescatarla de la prisión de Sigüenza (Guadalajara) donde Pedro la
tiene presa.
Entonces habla con los de Aragón, y con unos
caballeros franceses para preparar la huida de Blanca. Pero Pedro se entera, y
quita a Blanca de Borbón, de Sigüenza. Y la traslada al Castillo de Sidueña Puerto
de Santa María, Cádiz. Por miedo a que Fadrique la pudiese liberar.
Desde que Pedro subió al trono, su
hermanastro Enrique, no dejó ni un sólo día de hacer propaganda y de provocar
revueltas populares en su contra.
Hasta escribió una crónica diciendo que
Pedro era un asesino paranoico, cruel, frio, y vengativo. y que el motivo de que
Pedro defendiese a los judíos, es porque él era un judío, que lo habían
adoptado siendo un niño.
Otras veces decía que Pedro no era hijo del
rey Alfonso XI, que era fruto de una relación ilícita que yo había mantenido
con un judío etc.
La gente rica, poderosa, y la nobleza, se
unieron a Enrique de Trastámara, porque miraban peligrar sus intereses y
posesiones. Y cada vez, se hacían más fuertes, convencidos de que pronto
eliminarían a Pedro.
Sin embargo, para la gente humilde, Pedro
fue un rey justiciero, que defendía a los débiles y a los más humildes, de los
abusos de los poderosos. Sin importarle la religión que profesaban, ni sí, eran
cristianos, musulmanes, judíos, o ateos.
Un día que Pedro estaba paseando por
Sanlúcar de Barrameda, ve llegar a un barco aragonés, que se acerca al puerto. Y
de pronto comienza a atacar a tres carabelas Genovesas qué se dedicaban al
transporte de mercancías, y que le habían pedido protección a Pedro, para estar
en el puerto.
El barco aragonés, después de destruir las
carabelas con los marineros Genoveses a bordo. Comienza a matar a los humildes
pescadores de Sanlúcar de Barrameda, que acababan de regresar al puerto con el
pescado capturado. Y destruye también, todos sus barcos de pesca, qué eran el
sustento de su familia.
Pedro persiguió al barco aragonés, pero cómo
no lo pudo alcanzar, se vengó apresando a todos los comerciantes catalanes y
residentes que vivían en Sevilla y en Sanlúcar de Barrameda, confiscándoles
todos sus bienes.
Después, como el rey de Aragón, se negó a
disculparse. Pedro le declaró la guerra.
Cuando Fadrique se da cuenta que le va a
ser imposible liberar a Blanca de Borbón de la prisión. Pide ayuda a María de
Padilla, la amante de Pedro, para que interceda por él, y pueda conseguir
hablar con Pedro y pedirle perdón. Pero María Padilla le advierte que Pedro
quiere matarlo y que no se le ocurra acercarse a él, porqué lo matará.
Pero un hombre enamorado, no atiende a
razones, y al caer la noche Fadrique salta el muro del Alcázar, y cuando está
cruzando el patio unos ballesteros lo ven, y al reconocerlo, comienzan a
golpearlo hasta darle muerte. Hay quién dice que cuando avisaron a Pedro,
Fadrique aún seguía con vida, y que fue el propio Pedro, quién clavándole su
daga lo mató.
Después pidió un plato de comida, y se
sentó a comer delante del cuerpo ensangrentado de Fadrique. Quizás lo hizo por
ansiedad, o porque, con su muerte, Fadrique ya no podría volver a ver a Blanca
de Borbón, nunca más.
Porque creo que mi hijo Pedro, siempre
supo que Fadrique y su esposa Blanca de Borbón eran amantes. Y Pedro, podía
haberlos mandado matar por infidelidad.
Pero prefirió que esa relación se
mantuviera en secreto, antes de que la gente y sus enemigos supieran, que su
hermanastro Fadrique, le estaba follando a su esposa Blanca, y que se rieran de
él a sus espaldas, llamándole cornudo.
Entonces, para que Fadrique no pudiese ver
a Blanca de Borbón, ni huir con ella, a Pedro, no le quedó más remedio que
tener encerrada a Blanca de Borbón, e ir cambiándola de ciudad y de palacio, siempre
que se enteraba que Fadrique viajaba para poder verla.
Cuando mataron a Fadrique, María de
Padilla ya tenía tres hijas con Pedro. Las hijas de pedro I se llamaban:
Beatriz, Constanza, e Isabel.
Pero María de Padilla, muy disgustada
rompe, la relación que tiene con Pedro, cuando se entera que Pedro, ha
conseguido que los Obispos de Ávila y de Salamanca, declaren nulo su matrimonio
con Blanca de Borbón.
Y en lugar de legalizar su relación con
ella y la de sus hijas, se entera que se casa con Juana de Castro, que se había
quedado viuda.
Pero Pedro a los pocos días de haberse
casado con Juana de Castro, también la abandona. Porque se entera qué, los
hermanos de Juana, le quieren tender una trampa y que el reino de Castilla pase
al de Portugal.
Aunque Juana de Castro, solo estuvo con
Pedro un par de días. Se quedó embarazada y cuando nació su hijo le puso de
nombre Juan de Castilla.
Entonces Pedro hizo Testamento, para que
Juan, fuese rey de Castilla. Pero solo en el caso, de que sus tres hijas,
que tuvo con María de Padilla muriesen.
Pedro quiere recuperar a María de Padilla,
y le dice: – que sí, se
casó con Juana de Castro, es porque necesitaba ayuda de los hermanos de Juana
de Castro, que son unos nobles qué, además, de tener mucho dinero, también
tenían mucho poder en Galicia.
Pedro hace todo lo posible para que María
de Padilla le perdone, y para ello no duda en presentarse
todos los días y, llamar a las puertas del convento de las clarisas, para
hablar con ella y convencerla.
Porque Pedro ama a María de Padilla, y no
se quiere separar de ella, ni de sus tres hijas. Entonces, María de Padilla
cuando ya había pasado casi un año de su ruptura, lo perdona, y vuelve con
Pedro.
María de Padilla se vuelve a quedar
embarazada y da a luz a un niño. Pedro le quiso poner de nombre Alfonso. Y Pedro
estaba feliz.
Pero el Destino, no quería que el
niño fuese el sucesor de Pedro como rey de Castilla, y cuando el niño tenía
tres años murió por enfermedad.
Cuando los dioses del Olimpo ven
que Fadrique murió por amor, y que arriesgó su vida para liberar de la prisión a
Blanca de Borbón. Zeus habla con él Destino, para que dé, jaque
mate a Blanca de Borbón, y qué, los amantes se puedan reunir en el Olimpo.
Pedro ya estaba muy cansado de que Blanca
de Borbón, escribiera cartas y panfletos a gente poderosa, diciendo que la
ayudaran porque Pedro la tenía presa en unas condiciones inhumanas. Y que por
ese motivo las revueltas y guerras civiles, cada vez aumentaban más, y no iban
a cesar nunca.
Entonces habla con él alcalde de Medina
Sidonia, Iñigo Ortiz de Estúñiga, para que le diga al médico de la prisión, que
envenene a Blanca y la mate.
Pero el alcalde le dijo que eso él, no lo
hacía, y renunció a su cargo.
Entonces Pedro llama a su Ballestero que
se llamaba Juan Pérez de Rebolledo, y le dijo que sí
mataba a Blanca, le concedería el puesto de alcalde de
Medina Sidonia.
Juan Pérez de Rebolledo acepto, y
dirigiéndose a la prisión, mató a Blanca de Borbón, cuando ella solo tenía 25
años. Obligándola a beber una infusión de hierbas envenenadas.
Cuando los caballeros franceses y la
familia de Blanca se enteran que Pedro la había mandado matar, se unen al
ejército de Enrique y ocupan Sevilla.
Después cogen prisionero a Juan Pérez de
Rebolledo que fue quién la mató y
atándolo a un caballo fue arrastrado por toda la ciudad, y después,
descuartizaron su cuerpo. Los trozos de su cuerpo, fueron recogidos por sus
familiares.
Enrique de Trastámara, ya no sabe que,
hacer para conseguir ser el rey de Castilla. Porque, aunque consiga matar a mi
hijo, el rey Pedro I, aún tendría que enfrentarse a Fernando, el hijo de Leonor
de Aragón, que también quiere ser rey de Castilla.
Entonces Enrique, se pone en compló con un
hermanastro de Fernando, que es el rey de Aragón, conocido por él ceremonioso,
y matan a Fernando.
A Enrique de Trastámara, solo le queda por
eliminar a Pedro, para que lo proclamen rey de Castilla y León.
Pero Enrique no quiere esperar por más
tiempo, y sabiendo que Pedro está en Sevilla, aprovecha la ocasión, y entra en
Castilla, Y se proclama él mismo Rey de Castilla, con la aprobación de la
mayoría de los nobles que miraban peligrar sus intereses estando Pedro de Rey.
Entonces Pedro tuvo que huir en un barco y
se refugió en las posesiones que tenía el rey de Inglaterra en Gascuña.
Pero después, Pedro volvió, con un
ejército de mercenarios ingleses y con arqueros, que superaban en número al de
Enrique.
Enrique de Trastámara sufrió una gran
derrota. Cuando acabó la batalla, Pedro buscó a Enrique entre los cadáveres,
pero no lo encontró.
Después de esta batalla, Pedro cansado de
tanto luchar, se abraza a María de Padilla y le dice, que quiere legalizar a
sus hijas y hacer testamento a favor de su primera hija Beatriz, para que sea
la reina de Castilla y de León, si él muere.
También le dice a María de Padilla: – Que ya es hora
de que el mundo sepa, lo mucho que has sufrido, cuando te criticaban diciendo
que eras mí amante y una adúltera.
– Cuando tú, eras mi legítima, primera, y única
mujer, porque nos casamos en secreto, mucho antes de que naciese nuestra hija
Beatriz.
–Y que las bodas con Blanca de Borbón, y
con Juana de Castro, nunca fueron válidas.
–Que Juan Alfonso de Alburquerque sabía que estábamos casados y que tú, eras mi verdadera esposa. Pero me obligó, a casarme con Blanca de Borbón, y que guardase el secreto de mi matrimonio. Porque era muy importante sellar una alianza con Francia.
Cuando Pedro hace público que su única, y
verdadera esposa es María de Padilla. El Papa de Roma no le creé.
Entonces, para que no hubiese ninguna
duda, el Papa ordena al arzobispo de Toledo, Gómez Manríquez, que vaya,
a la Iglesia, donde Pedro y María de Padilla, dicen que se habían casado en
secreto.
En el registro de la Iglesia estaban las
firmas de todos los testigos de la boda secreta de Pedro I, con María de
Padilla,
Que paso a detallar: – El hermano de
María Padilla: –Diego García de
Padilla. Su tío: –Juan Fernández
de Hinestrosa. La madre de María Padilla: –María González de Hinestrosa. –El canciller
del sello de la poridad y escribano del Rey, Juan Alfonso de Mayorga. – Y Juan
Pérez de Orduña, abab de Santander, y capellán mayor del Monarca.
Después de ver las firmas de todos los
testigos, y la fecha en que se casaron Pedro y María de Padilla. Al arzobispo
de Toledo, Gómez Manríquez, no le quedó más
remedio, que aceptar que el único matrimonio valido, del Rey Pedro I de
Castilla, es el que celebró, con María de Padilla.
Pero el Destino tiene prisa, y
quiere seguir avanzando en la historia. Y a los pocos meses de qué Pedro, da a
conocer, y legaliza a sus hijos, y a María de Padilla como su única esposa.
El Destino hace que María de Padilla
se ponga enferma, con fiebres muy altas, quizás, contagiada por la peste negra,
y muere.
Pedro desconsolado, no para de llorar la
muerte de María de Padilla. Entonces cogiendo a sus hijas, se marchó a vivir por
un tiempo a Galicia, al Castillo de Bayona, muy cerca de Vigo, porque decía que
solo en Galicia encontraba tranquilidad.
Y un año después de la muerte de María de
Padilla, su esposo el rey Pedro I la nombró Reina de Castilla y de León.
Mientras Pedro desolado se recuperaba en
Bayona, por la muerte de su esposa María de Padilla. Enrique de Trastámara, que
había podido huir a Francia, estuvo mucho tiempo, reclutando mercenarios, tratando
de conseguir un ejército. Y para ello les prometía, una buena paga, y empleo en
puestos relevantes. Y después, convenció al rey francés, para que también lo
apoyara con su ejército.
Cuando creyó, que ya estaba preparado, para
enfrentarse a Pedro, regresó a Castilla con su ejército de mercenarios, y tan
pronto como llegó a Castilla se arrodillo, y cogiendo un puñado de tierra con
la mano, juro, qué, nunca más se volvería a marchar de allí.
Cuando Pedro, que aún, estaba viviendo en
Bayona, se entera que Enrique había regresado a Castilla. Habla con su amigo el Rey de Inglaterra, para
que le ayude a derrotar a Enrique.
El Rey de Inglaterra le ayuda, pero con la
condición de que Pedro se haga cargo de pagar a los mercenarios el doble, de la
paga que están cobrando. Y Pedro acepta.
Mientras tanto Beatriz, la primera hija de
Pedro, y futura Reina de Castilla, deja Galicia, y se va a vivir para el
convento de las clarisas.
Pero el Destino, prefiere que sea
su hermana Constanza, quién luche por la corona de Castilla. Entonces Beatriz
enferma en el convento, y muere.
La batalla de Montiel, fue una batalla
encarnizada, iba ganando Pedro, porque los mercenarios ingleses eran soldados
de élite, muy bien preparados.
Las tropas de Enrique, comenzaron a
retroceder y, Enrique pensó que tenía la batalla perdida.
Pero al llegar la noche, los mercenarios
ingleses, que luchaban con Pedro, quisieron cobrar la paga que Pedro les había
prometido. Y Pedro al no tener dinero y
no poder pagarles, se marcharon. Dejando a Pedro solo con su ejército, que era
muy inferior al de Enrique.
Al día siguiente, Enrique vuelve a la
carga y, cuando se da cuenta que puede ganar, porque los mercenarios ingleses
se habían ido. Se enfrenta, a las tropas de Pedro matando a diestro y
siniestro, haciendo verdaderos estragos.
Pedro tuvo que huir, y se refugió en la fortaleza
de Montiel, que estaba cerca del campo de batalla.
A Pedro le cuentan que hay un general
Frances, que se llama Bertrand Du Guesclin, que lo puede ayudar a huir. A
cambió Pedro le tendrá que dar un cargo importante en la Corte.
Pedro consigue hablar con él general
francés, y se ponen de acuerdo para qué, a media noche, Pedro se dirija a la
tienda del general Frances Bertrand Du Guesclin, donde
el general francés, ya tendrá todo preparado para la huida, sobornando a sus
soldados.
Cuando Pedro acompañado, por hombres de su
confianza, llega a la tienda del general Frances Bertrand
Du Guesclin, aparece su hermanastro Enrique.
Como hacía muchos años que no se veían y,
además, Pedro estaba muy desmejorado, Enrique no lo reconoce entre los hombres
que allí estaban.
Entonces, lo llama gritando: “¿Dónde
está ese judío, hijo de puta que se nombra Rey de Castilla?”
Y Pedro saliendo de entre sus hombres le
contesta gritando: ¡El hijo de puta seréis vos, pues yo soy, hijo legítimo
del buen rey Alfonso XI!
Pedro sacó su espada, y comenzaron a
luchar. Al poco tiempo de comenzar la lucha, Enrique marcó la cara de Pedro con
su espada. Entonces Pedro lleno de ira, atacó con gran violencia a Enrique.
El general Frances
Bertrand Du Guesclin, viendo que, a Enrique, ya no le quedaban fuerzas, y
que iba perdiendo. Le hizo la zancadilla a Pedro, que fue dando un tras pies.
Momento que aprovechó para agarrarlo por
los brazos, y sujetarlo por detrás. Entonces Enrique, viendo que Pedro no se
podía defender, quitó una daga que llevaba sujeta a la cintura, y se la clavó en el corazón a Pedro dándole muerte.
En ese momento el general Frances Bertrand
Du Guesclin, dijo una frase que quedó registrada en los anales de la historia
del Destino: – Ni quito, ni pongo rey, pero ayudo a
mi Señor.
Después Enrique le cortó la cabeza a Pedro,
y la clavó en el pico de una lanza. Luego se subió a su caballo, cogió la lanza
con la cabeza de Pedro, y se paseó por todo el campo de batalla para exhibirla
y que todos supieran que él, era el único Rey de Castilla y León.
Con la muerte de mi hijo Pedro, acaba la
dinastía de la casa de los Borgoña, por ser el último monarca directo de esa
dinastía, que llevaba reinando en Castilla y en León 243 años. Para dar paso a
una nueva dinastía, la de los Trastámara.
Al acabar con la dinastía de los Borgoña,
el Destino, ya había logrado uno de sus objetivos, pero, para poder terminar
con éxito la misión que le han encomendado, necesita, acabar con la Edad
Media, y dar paso a la Edad Moderna.
Enrique de Trastámara se convirtió en rey
de Castilla y León. Cumpliendo así, el deseo de su madre Leonor de Guzmán, la
amante de Alfonso XI.
Cuando pasaron 10 años, Enrique de Trastámara,
aún seguía siendo el rey de Castilla y de León. Entonces el destino decide
que ha llegado el momento de mover ficha y, utiliza a los protagonistas de esta
historia que aún le quedan, para lograr que su misión en la tierra tenga éxito.
Entonces, Enrique de Trastámara, invita al
rey moro Muhammad V, de Granada, a una comida, en Santo Domingo de la
Calzada. Porque quería pactar un periodo de paz entre cristianos y moros. Recuperar
fuerzas y fabricar más armas de guerra.
Pero el rey de Granada, no olvida las
masacres y violaciones, que Enrique de Trastámara le había hecho a su pueblo, y
al pueblo judío. Ni tampoco qué matase a su amigo el rey Pedro I, que tanto les
ayudó. Y decide vengar su muerte.
Después de comer, Enrique, quiso brindar
por la alianza conseguida. Pero el rey moro de Granada, echó veneno en la copa
de vino que le dio a beber, y Enrique de Trastámara muere.
La gente del pueblo pensó que con su
muerte acabarían las guerras. Pero cuando nombran rey de Castilla a su hijo
Juan I, la guerra civil se encrudece, y las revueltas populares crecen.
Porque la hija de Pedro I, Constanza, que
estaba casada con un hijo del rey de Inglaterra, regresa a Castilla, para
reclamar sus derechos como reina legítima de Castilla y de León, por ser la
heredera directa de Pedro I.
Pero el Destino, tiene otros
planes, y no quiere que sea ni Juan I, él hijo de Enrique de Trastámara, ni
tampoco Constanza, la hija de Pedro I, los reyes de Castilla y de León.
Y para que eso suceda el Destino, hace
que, a Juan, le regalen un caballo. Y al pasar por la puerta de Burgos, cerca
del Palacio arzobispal de Alcalá de Henares, el caballo se asusta, y Juan se
cae del caballo y muere, el 19 de octubre de 1390.
Pero su muerte no se dio a conocer, hasta
que pasaron varios días. Porque el Cardenal Pedro Tenorio, tenía que resolver
todos los trámites para que el hijo de Juan I, que se llamaba como su abuelo
Enrique. Fuese el nuevo rey de Castilla y León.
Entonces proclaman rey de Castilla y León
al nieto de Enrique II de Trastámara, y, además, lo nombran príncipe de
Asturias.
Constanza, la hija de Pedro I no se rinde.
Si es necesario, piensa declararle la guerra al nieto de Enrique de Trastámara.
Y que la proclamen a ella reina de Castilla y León.
Enrique III, era un adolescente que no
quería ser como su abuelo, y tener que pasar toda su vida luchando. Entonces
para aclarar sus ideas y pensar cómo podía hacer para conseguir la paz.
Quiso viajar a Galicia, y conocer las
islas de los dioses, que a día de hoy se conocen como las ILLAS CÍES. Que están
muy cerca del Castillo de Bayona y de Vigo. Entonces Enrique III se aloja con
sus hombres en el Castillo de Bayona.
Al mismo tiempo, Constanza y su hija
Catalina Lancaster, se encontraban en la Corte de Orense pasando unos días de
descanso. Y Catalina le suplica a su madre, que quiere conocer Vigo, y también
bayona, porque su tía Beatriz, le había contado que sus playas eran enormes,
sus aguas eran transparentes, y qué tenían una arena muy fina y blanca.
Pero Constanza le dice que no puede ser
porque tiene que regresar a Valladolid, y preparar el ataque para echar a
Enrique III del trono de Castilla.
Catalina no para de llorar porque quiere
conocer Bayona y los lugares por donde paseó su abuelo Pedro, con sus tres
hijas.
Entonces a Constanza se le ablanda el
corazón y deja que Catalina viaje a Bayona. Y ordena a sus ballesteros que
acompañen a Catalina, en su viaje a Bayona, para que, la protejan y la escolten.
También, les dice a sus damas de su compañía qué, no la dejen sola ni un solo
momento.
Cuando llegan al castillo
de bayona, los ballesteros que protegen a Catalina se encuentran con los guarda
espaldas, del rey Enrique III, y echan mano a sus espadas, para comenzar la
lucha. Pero en ese momento aparece Enrique III, y gritando les dice: – ¡Deteneos señores! – Este
Catillo no es un campo de batalla. Ya se enfrentarán en
otra ocasión.
Enrique se da cuenta de la presencia
de Catalina que, asustada estaba abrazada a una de sus damas de compañía. –Y le dice: –tranquilizaos señora, porque
mientras yo esté aquí. No os va a pasar nada malo.
Catalina y Enrique no se conocían, y
aunque Enrique era un poco más joven que Catalina, no lo parecía. Cuando
Catalina escucha esas palabras, una flecha de Cupido, se le clava en el
corazón.
y Catalina se da cuenta que Enrique, es el
hombre con el qué siempre había estado soñando. Le gustaba su voz, como se
expresaba al hablar, su porte y, sobre todo, le daba le daba confianza y tranquilidad.
Enrique se da cuenta que, Catalina es una
dama preciosa, la más bonita que nunca había visto en su vida. Acercándose a
Catalina Enrique III le pregunta: –¿Cómo
te llamas? – Me llamo Catalina. Le contestó ella. –¿y vos,
como os
llamáis? – Soy Enrique III rey de Castilla y de León. Catalina con
una media sonrisa le contesta: –Pues eso no lo dice mi madre, porque
dice que ese reino le pertenece a ella.
A Enrique se le clavó una espina en
el corazón, cuando se da cuenta que Catalina es hija de Constanza, su enemiga.
Pero Cupido vuelve a cargar
su arco, y alcanzando a Enrique, hace que el tiempo se pare para los dos, sin saber que hacer, ni que decir.
Después de unos segundos que parecieron
horas, Enrique reacciona, y le pide a sus guarda espaldas, a los ballesteros de
Catalina, y a las damas de compañía de Catalina que los dejen solos.
Y aunque el sol ya comenzaba a ocultarse
por detrás de las ILLAS CÍES Enrique, invita a Catalina, a dar un paseo por la
playa.
Entonces Enrique le cuenta que él quiere
casarse por amor, que nunca había visto una princesa tan bella como ella, y que
algo en su interior le dice, que es la mujer de su vida.
Caminando, y cogiéndola por la mano, le
cuenta qué está cansado de tantas guerras, y de tantas muertes, y que no quiere
ser el enemigo de su madre Constanza.
Mientras Enrique habla, Catalina se da
cuenta que aún siguen cogidos de la mano, y eso a ella le gusta. Siente que
Enrique es su media naranja, y que después de conocerlo, sufriría mucho si sus
padres la obligaran a casar con otro que no fuese Enrique III.
Galicia es una tierra mágica, y con el
murmullo del mar, y teniendo a Enrique tan cerca, Catalina creyó, estar
viviendo el sueño de su vida.
Después Enrique, cogiendo con una mano la
cintura de Catalina, y con la otra mano, señalando al sol. Le dice a Catalina,
que mire lo bonito que es ver, la Puesta del sol, desde
Bayona.
y mientras el sol vergonzoso se ocultaba por
detrás de las ILLAS CÍES, se dan cuenta que ya no podrán vivir el uno sin el
otro.
De regreso y antes de entrar en el
Castillo, se cogen de las manos y se ven a los ojos. La luz de la luna, los
atraía como un imán y ninguno de los dos quería separarse. Entonces Pedro
acercándose a Catalina la besa.
Ella sin saber que hacer intenta
separarse, pero Enrique la vuelve a besar y ella cae rendida de amor.
Cuando Constanza se entera que Catalina a
conocido a Enrique III y qué, además, están los dos en Bayona, y que Catalina
no se quiere ir de allí. Ordena que le preparen el equipaje para viajar con su
esposo a Galicia.
Los padres de Catalina llegan al Castillo
de Bayona, protegidos por un pequeño ejército.
Entonces Catalina les sale a recibir y les
dice que se tranquilicen, que ella está bien. y les cuenta que se ha enamorado
del Rey Enrique III.
Y le agradece a su madre Constanza, su
lucha por recuperar el reino de Castilla. Porque sabe que lo hace, para que
ella, pueda llegar a ser la reina de Castilla y León.
Catalina le hace comprender a su madre que
también, puede ser la reina de Castilla y de León sin derramar sangre,
casándose con Enrique III.
De este modo; La nieta de Pedro I, y el
nieto de Enrique de Trastámara, podían ser los dos, los reyes de Castilla y
León.
Los padres de Catalina llaman a Enrique
III para saber si él, está de acuerdo en casarse con Catalina y compartir
juntos la corona de Castilla y de León.
Y él les dice que se casa por amor, y que
está, tan enamorado de ella, qué por no perderla estaría dispuesto a renunciar
al trono.
Entonces en el tratado de Bayona acuerdan las condiciones de la dote para la boda. Pero, además, como Enrique III, era príncipe de Asturias, quiso qué también, a Catalina la nombraran Princesa de Asturias.
Castillo de Bayona.
Catalina y Enrique III tuvieron tres
hijos. Pero él destino, tuvo que esperar a qué, naciera su nieta Isabel
de Lancaster, para poder terminar la misión que le habían encomendado aquí en
la tierra.
Cuando la nieta de Catalina y Enrique III,
fue reina de Castilla, Isabel de Lancaster, (la católica) consiguió cambiar las
leyes absoletas que eran absurdas, contradictorias e injustas, que solo favorecían
a los poderosos. Y fomentó la obras sociales y culturales.
Además, vendió todas sus joyas para financiar la expedición de Cristóbal Colón. Y gracias a ella, se pudo descubrir América.
Isabel, se casó con el rey
Fernando de Aragón, para que se unificaran los reinos cristianos que siempre
estaban en guerra, formando un solo reino. Y la Península pasó a llamarse
España.
Isabel y su esposo Fernando, también
conquistaron el Reino nazarí de Granada. Expulsando a los musulmanes y judíos
de España. Después de ocho siglos, de la presencia musulmana en la Península.
Desde entonces y hasta nuestros días, a Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, se les conocen cómo los Reyes Católicos.
Pero a los protagonistas de esta historia,
que vivieron en la Edad Media, no los vamos a olvidar nunca, porque siempre
habrá alguien que nos cuente su historia.
Tampoco podemos olvidarnos del hijo de
Fadrique y Blanca de Borbón, que, llegó a ser el mejor almirante de Castilla de
todos los tiempos, con mucho prestigio. Señor de Medina de Ríoseco. Aguilar de
Campoo, y de muchas villas más, que había heredado de su padre Fadrique. Y también,
le concedieron el título de duque de Medina de Río seco.
24 de febrero de 2026
Autora del texto y foto: Guadalupe Aguilera.
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-Los otros datos que contiene esta
historia son de apuntes recopilados por Guadalupe Aguilera; de autores que
desconoce y por informaciones de las que se nutre “que no han sido escritas”